ESTE BLOG TIENE COMO INTENCION COMPARTIR, SIN PELOS EN LA LENGUA, VIVENCIAS Y REFLEXIONES VARIAS EN TORNO A LAS RELACIONES DE PAREJA-JA, LA SEXUALIDAD TERCERMUNDISTA Y LA DESTRUCTIVA TENDENCIA FEMENINA A "E N A M O R F A R S E"

martes, 24 de julio de 2012

UNA HISTORIA DE MIERDA

A ti Hugo
A Lupita Platas.                                

Un famoso amigo de carácter generoso y desprendido compuso una canción llamada ¿Cuándo vienes a cagar a la casa? Yo, de alma más mezquina y envidiosa diría ¿Cuándo dejas de cagar en mi taza? Y es que para mi la taza lo es todo, es un universo en sí mismo que no debería compartirse.

Ya que no es posible tener tazas de baño personalizadas; deberíamos, mínimamente, legislar su apropiado uso. Es inconcebible que en pleno siglo XXI sigamos practicando bárbaros métodos de defecación, ensuciando aquí y allá, sin consideración ninguna.

¿Dónde queda el pudor, la educación, la conciencia, los buenos principios? ¿Dónde el papel de baño? ¿Por qué nunca se le encuentra cuando se necesita? ¿Por qué esa tendencia perversa  a desaparecerlo, a hurtarlo? ¿Cómo erradicar esta antiquísima e infantil fascinación por la mierda?
Aclaro que no censuro la parte primitiva, que todos compartimos, de admirar nuestras destrezas en las artes fecales ni en la justa contemplación de sus formas y colorido. No. Mi reclamo es hacia el exhibicionismo desconsiderado. Concretamente; a no halarle a la taza. ¿Por qué debo ser testigo y cómplice de las proezas o tropiezos evacuatorios de un ser que nada tiene en común conmigo?

Detengámonos un momento en la importancia que a nivel físico, mental, emocional, práctico e histórico tiene la invención e incorporación de la taza en nuestras costumbres y usos:
La taza, entendida como un sagrado receptáculo de nuestros más íntimos procesos biológicos y digestivos; suple, en principio, la amorosa labor de higiene básica que realiza cualquier madre al mantener las nalguitas de su bebé limpias y libres de rozaduras. A sí mismo, propicia el descanso, la reflexión y la cultura, al permitirnos –dada la comodidad que brinda- interesarnos por la lectura; en un sinfín de publicaciones breves –y ocasionalmente educativas.

¿Cuántos escritores continuarían en el anonimato de no ser por la existencia de la taza? Por tanto, si bien no me atrevo a sugerir que promueve la cultura; sí afirmo que la propicia.
En una isla tailandesa se practica un deporte muy singular: A la manera de la vieja Europa, se abren angostos orificios en la tierra para demostrar la capacidad de concentración y tino de los contendientes; quienes, de pie y con los ojos vendados, esperan dar en el blanco.

Contienda bárbara en apariencia; nos demuestra la relevancia que algunas poblaciones conceden al desecho de los excrementos, dándonos una gran lección: “No importa sólo arrojarlos, importa en dónde y con cuánta exactitud”.
Desafortunadamente no todos poseemos esta conciencia de perfección milimétrica al momento de defecar. Es muy común ver tazas, pisos, lavabos, paredes, puertas, y hasta techos salpicados.

Nadie mejor que los encargados de la limpieza doméstica para dar testimonio de escalofriantes cuadros escatológicos.

Narra Lupita Ordoñez (dedicada al aseo doméstico por más de 15 años):

              “al principio de daba harto asco, pero la necesidá es la necesidá y uno pos termina por acostumbrarse… Trabajaba con un muchacho universitario  en una casa antigua tipo finca. Para ir al baño tenía uno que atravesar el patio; y entonces esa noche el joven no se aguantaba las ganas, pero pus dice que no se quiso sentar porque hacía harto frío y la taza quesque  staba congelá…
(Se interrumpe en una mezcla de risa y llanto)

… tonces intentó hacer parado; pero como no quería que al caer la caca al agua lo salpicara, decidió hacer un solo churro grandote en vez de ir cortando pedacitos con el ano como hacemos todos. ¿Por qué me mira así, a poco usté no lo hace?

…Y como a juerzas tenía que cortar pa terminar, el muy tarugo pensó que si se movía rápido hacia alante; la caca iba a caer en la taza y la salpicada no lo alcanzaría. Que lo hace y a la cuenta de tres que se avienta. Pero parece que tuvo problemas de coordinación porque la caca nunca cayó en su lugar, sino que se la trajo consigo y quedó embarrada en la paré de enfrente: dejando batida la taza, el piso, y un mojonzote como así de grande en la puerta.
Al otro día: ¡Ay Jesús María! Que voy viendo aquello…
… y la que tuvo que limpiar todo fui yo porque el joven nomás me pasaba  los baldes con agua…”

 Chayito Rosas nos cuenta:
“desde las tuberías estaba mal. Yo se lo decía a la señora pero no me hizo caso. No le miento: Parecía baño portátil de carnaval. Siempre se tapaba haciendo de eso un marranero; cagaaa sobre cagaaa sobre cagaaa (incluso una vez hasta vi un cigarro apagado en la punta de la plasta. Parecía la cereza del pastel).

Un día le caen visitas de sorpresa a la señora. Me llama toda apuraa  y me dice: Chayito, hay que hacer algo con el baño…
-No se pueee naaa seño; esta tapaoo… -le respondí.

Pero buena de necia; que se enoja y toda desesperada va y que le hala… pero obviamente no se fue casi naaa. Entonces que le vuelve a halar… y que se empieza a desbordar aquello…. Moronas de caca disuelta se resbalaban por la taza. Parecía una cascaaaa…”
Historias como estas se cuentan a millares profanando un objeto que debe sernos sagrado por su enorme utilidad práctica.

El uso de la taza de baño es una de las características que nos separan de los animales. Esto, claro esta,  ignorando los recientes programas de video aficionados que nos demuestran cómo algunos gatos,  perros y marranos entienden mejor el funcionamiento correcto de este implemento, haciendo gala de mayor destreza y elegancia que sus dueños.
Ojalá que estos videos en vez de humillarnos, nos motiven a la auto superación.  Pensemos: “SI ELLOS PUEDEN, ¿YO POR QUÉ NO?” Quizás este simple cambio de actitud repercuta en la adecuada funcionalidad y apariencia de nuestra taza. Quizás…

 Leyla Salazar





1 comentario:

  1. A veces mosca, otras mariposa. Frecuentemente solo soy un simple híbrido alado y confundido tratando de no pensar.

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