ESTE BLOG TIENE COMO INTENCION COMPARTIR, SIN PELOS EN LA LENGUA, VIVENCIAS Y REFLEXIONES VARIAS EN TORNO A LAS RELACIONES DE PAREJA-JA, LA SEXUALIDAD TERCERMUNDISTA Y LA DESTRUCTIVA TENDENCIA FEMENINA A "E N A M O R F A R S E"

lunes, 30 de julio de 2012

"ONLY YOU"

 Leyla Salazar

                                                                  —1—

Nuevamente amanezco murmurando su nombre. Añoro despertar babeando la almohada como cualquier persona normal. Mi cuerpo en vez de segregar saliva y sueños, se dedica obsesivamente a formar letras; nada de fluidos, sólo letras. Las siete letras de mi tormento: Ricardo... Hace dos años de la ruptura y tal parece que fue ayer. Recordarlo se me ha vuelto un hábito, una rutina, un karma que exige toda mi entrega y energía.

Una imagen en particular me persigue: la de aquella enorme boca que tiene en el vientre —recuerdo de una apendicitis mal zurcida— y que diariamente se aparece frente a mí sonriéndome con sus dieciséis puntos. El descubrimiento de ésta su segunda boca, sucedió en la estrecha tina de un hotel en Guerrero; el ambiente ideal para una velada romántica, la hora justa en que la piel se mimetiza con los grillos y vibra sus poros. La incomodidad de encajarse la llave del agua en la espalda se transforma en un acto poético en el momento en que él se acurruca entre mis piernas, de un modo tal, que sus nacientes lonjas semejaban caireles, transformando su estómago en cara, su cicatriz en boca. Nacía así un personaje condenado al silencio. Es una lástima que no se decidiera a practicar la ventriloquia (le da pena). Sin embargo, “el mudito” pasó a la galería de personajes ilustres en nuestra pequeña mitología íntima.

                                                                        — 2 —

 Nuestra relación mientras duró, siempre tuvo un marco alegre. Incluso la vez que le reclamé por lo de Rebeca Arizmendi, la vida se encargó de mantenerme en mi lugar. Los dramas no estaban hechos para mí; a nosotros como pare-ja-ja nos correspondía reír y gozar, gozar y reír hasta que el cuerpo aguantara.

Según Richard, yo estaba viendo moros con tranchete...

 —...y yo mamita, te lo juro; te lo juro mamita; nací en Matamoros y ni a navaja llego... —decía, haciéndose el graciosito—

 (aparte)...Ajaaá... “La Sacapuntas” no le atrae... Ajaaá ... ¡Sí como no !

 —...es cierto que muchos la consideran guapa pero...

 (aparte) ¿Qué dice?...Pero si tiene une cara de frígida que no puede con ella.

— Mira Ricardo —dije parándolo en seco— que los demás sean unos malinchistas no me extraña, ¿pero tuuú?. Francamente pensé que tenías mejores gustos. Es increíble que nada más porque es gringa se aloquen.

 — ...Pero si a mí las que me gustan son las morenazaasssss... —y el muy erótico, se sentía la serpiente de la tentación mientras lo decía.

(aparte) ¡Nada más eso me faltaba! Ahora me echaba en cara mi pasado autóctono. Jamás debí presentarle al tío Cuitláhuac.


—... En verdad reynita. Esa güera me es completamente indiferente.

— Pues la cara que pusiste cuando te embarró la teta, no era precisamente de indiferencia.

            Después de una prolongada pausa contraatacó. Según su sereno análisis todo indicaba, sin lugar a dudas, que el origen del problema radicaba en mis parámetros de cortesía; ya que estos, no incluían la manera en que la tal fulana le recargó accidentalmente todo el peso de su 38-D  en el brazo, en lo que sin lugar a dudas había sido un saludo ciertamente “un poquito efusivo” pero Inocente... Por lo tanto, mis celos eran infundados. Además, y esto lo enfatizó imitando a Arturo de Córdova en “El Esqueleto de la Señora Morales”, ... A mí, lo que más me gusta de las flaquitas como vos,  es “ Tronarles los huesitos...”

 (aparte) Si está insinuando que tengo cuerpo de paragüas; él, con esa chamarrita, parece pelota forrada.

             Tras el docto análisis de mi incomprensión (nótese la ironía), se formó un incómodo y espeso silencio. Este era el momento ideal para la autocompasión  y lo aproveché imaginando lo distinta que habría sido mi vida de nacer en la ciudad de la vanidad y el culto al cuerpo...   En Argentina por ejemplo, cuando las jovencitas van a cumplir los quince años, los padres les brindan la oportunidad de escoger entre “fiesta o pompis nuevas”, y  yo en vez de tener aquella horrenda y etílica pachanga (en la que al ritmo de Feelings casi me voy de boca) hubiera tenido al menos la opción de ser blanco de la lujuria chilanga en el metro, o mínimamente, la depositaria de dos que tres obscenos piropos, que aunque ofensivos, ¡como refuerzan el ego!. Pero ni bubis ni nalgas. La madre naturaleza simplemente me había olvidado. ¡Ay, nada genera más inseguridad que un cuerpo sin redondeces!

Consciente de mi desventaja física ante la Revaca Arizmendi, rompí el silencio con una frase  que salvaba mi dignidad e incluso me glorificaba…

 —¡Quiero bajarme!

     Reyna, esta discusión es absurda, no seas infantil.

 (aparte) conque infantil  ¿no?  Pues esta niñita se te va viejito. Y no voy a regresar con él ni aunque me escriba poemas con pétalos de rosa, ni aunque me declare su amor en cadena nacional y ni aunque me lleve serenata con el mismísimo mariachi de Tecatitlán. ¡No señor! Estas pulguitas no vuelven a brincar en su mugroso petate. Seguramente su afición por las vacas se debe a un complejo Edípico, ¡ pero hasta aquí llegamos!

 —¡Pa-ra el ca-rrro te digo!  —le grité remarcando las erres y echándole mi consagrada mirada número 4 (la de mi madre cuando lava la ropa). Esa nunca falla—.

(aparte) ¿No que no? Ya frunció la boca. Ah, ahora resulta que él es el ofendido. ¡Míralo! ¿De cuando acá tan obediente? Nada más estaba buscando el pretexto para dejarme tirada en la calle. ¡Hombres! ¿Será que me deja?   Nooo, no se atrevería. Sólo se está dando su taco, pero a mí no me asusta.  ¡Que le baje más a la velocidad quiero ver!   ¡Uy sí, muy malo ¿no?!     Ya se frenó. ¡Puta!  Se me hace que va en serio. Ay diocito, ¿en dónde estamos?  ¡Mensa, me hubiera salido lo digna un poco más cerca de la casa!  ¿Qué haría la Doña María Félix en mi lugar? Ahora ni modo que me retracte. Carajo. Sólo me queda bajarme. Valor.   Ay, este maldito seguro que siempre se atora. Si algo me pasa que caiga en su consciencia.  ¡Va por usted Doña!

 — 3 —

Teniendo toda la calle para estacionarse, el “señor” escogió justo donde está la alcantarilla sin tapa.  No alcance a azotarle la portezuela porque en cuanto di un paso fuera del carro ya tenía la mierda hasta la cintura. No me fui hasta el fondo porque Dios es grande y me atoré.

 —“¿Y qué vamos a hacer mañana en la noche Rebeca?

 —“Lo mismo que hacemos todas las noches Pinky  :  ¡ TRATAR DE CONQUISTAR BRAGUETAS!

Esta se convirtió en la broma conmemorativa del infortunado accidente que por suerte culminó en carcajadas y en la aplicación de una buena y merecida sobada. Él, tomó el papel del abnegado y amoroso Doctor Dulitl, y yo me convertí en la apestosa, pero sensual e inquietante enferma amnésica “Miss X”.  (¡Ay, no hay nada más lindo que las reconciliaciones! )

  —4 —

Lo que más disfrutamos juntos es comer chocolates con menta. De hecho, en un estudio realizado a una colonia de hormigas rojas, se comprobó que la cocoa es afrodisíaca. Yo por si las dudas procuro que no falten. Hubo un tiempo en el que no encontrabas chocolate por ningún lado, y si de casualidad hallabas, los precios eran exorbitantes. Supuestamente era una táctica del gobierno para desquiciar a los consumidores y obligarlos a votar por  Morales- Loaeza  (al menos eso era lo que decía mi abuela) Y como la política es taaan retorcida no lo dudo ni tantito. Ese mes de abstinencia, sin embargo, le dio nuevos y jocosos aires a la relación.

— 5 —

 Estoy educada a seguir al pie de la letra los consejos de la abuela: “Mejor feo y cariñoso (como Richard y papá grande), que guapo y mantenido (como mi primo Loreto).

Mi hermana Celeste no comparte ésta opinión. Desde que se incorporó al grupo feminista de la Facultad ha cambiado mucho, dice cosas raras que yo no entiendo. A mi pobre madre casi le da el infarto cuando Celeste —a raíz de su participación en el Quinto foro denominado “Mujer, Teología y Paternalismo en la Zona Norte de Veracruz— le comunicó su decisión de cambiar de religión porque Dios es un macho. Ahora es Budista-Tolteca.

                                                                     — 6 —

Richard tiene un niño precioso (tanto que ni parece su hijo). Cuentan que la mamá es muy guapa (sólo que sea por eso). Él ganó la tutela del niño. Cada 15 días se lo lleva de visita a la mamá y entonces sí nos damos vuelo, pero las demás noches debemos ser muy cuidadosos de no hacer ruido. Por mi educación religiosa éste no es ningún problema para mí, ya que suelo ser muy calladita en las cosas del amor, a diferencia de Richard, que al menor síntoma de orgasmo grita como solo un consumado ateo puede hacerlo.

Sólo en una ocasión despertamos a Ricardito. Logramos evitarle el trauma de pensar que a su padre lo estaban matando, pero se quedó con la idea de que yo le hacía cosquillas en la nariz a su papá (y bueno, no estaba muy alejado de la verdad)

Sucedió que estábamos acercándonos peligrosamente al punto G masculino cuando oí venir  —desde las profundidades de su alma —  el grito tarzanesco así que ágil  y diligentemente le susurré al oído:

 —¿ Mi amor, te paso la almohada ?…

Esta precaución fue contraproducente porque nos ganó la risa, y a Richard le dio un ataque simultáneo de estornudos. Esa noche rompió su récord: Entre risa y risa le conté catorce (estornudos).

    7 —

 Lo conocí en un baile. Toca en un famoso grupo de música tropical. Era el más alto y simpático. El público se volvió loco cuando tocaron el cover de “Only you”  —que fue la que más me gustó—. La gente no dejaba de bailar. Él era el autor de la tropicosa versión, y junto con el baterista hacía los coros además de tocar el bajo. Noté que me miraba insistentemente. Nuestros lugares eran preferentes gracias a que la amiga que me invitó es sobrina de la manager del grupo. Al final pasamos a los camerinos. Un mes más tarde ya éramos novios y “Only You”, además de éxito nacional e internacional, se volvió “nuestra canción”.

Al cumplir 7 meses de noviazgo y para tranquilidad de mi madre, quien nunca hubiera aceptado mi relación con un cuarentón, terminamos. Sé que me quiere; pero al parecer no era nuestro momento de estar juntos, dice que ya llegará. Yo lo dudo pero quiero creer que así sea. Confío en que él por tener más experiencia, sepa más que yo.

Hace dos meses que está de gira por Latinoamérica y más de un año que vive con una  Argentina.  Antier que cumplí 18 años me habló desde Panamá. Lo extraño.

 — 8 —

 Ya sólo me falta un semestre para terminar la prepa, y el hijo del italiano de la pizzeria de la esquina me pretende. Desde muy niño juró que yo iba a ser su mujer. No es feo, al contrario, es bastante guapo, por eso no termina de convencernos a la abuela y a mí.  A mamá le fascina, lo cree un excelente partido. Mi hermana Celeste está feliz porque asegura que los italianos, o al menos los que ella conoció en Cipolite, tienen más potencial erótico que los latin-lover chunchaqueros. Nada más errado que ésta afirmación. Ella lo ignora, porque naturalmente no presenció la noche en que el sexo de Richard fue ceremoniosamente bautizado —en justo reconocimiento a su hábil desempeño en el campo de batalla—  con el nombre de “Crispín el intrépido”. De hecho, si se me permite confesarlo, Crispín, aunque muy pequeño y rezongón, siempre ha dado muestras de su singular talento en las lides del amor. ¡Es un verdadero tigre! (no en vano Richie y yo estamos tan orgullosos de él).

                                                                 — 9 —

Oscurece. Hoy se cumplen 394 noches que estoy sin él, sin mi Richard, 394 madrugadas que me han despertado las únicas 7 letras que soy capaz de pronunciar. Hace 23‘640 minutos que el alfabeto se redujo a su nombre, 1‘418’000 segundos que espero con ansia volver a coincidir.

 Vivo a la inversa que Cristopher Reeve en “Pídele al tiempo que vuelva”. Yo, a diferencia suya, pido que avance lo más rápido posible, ya sea para reencontrarnos o para perdernos definitivamente.

 Si pudiera pedir un deseo: sería lograr un matrimonio estable y feliz como el de mi madre, pero con mejores hijos. Un matrimonio como todos; en el que cada mañana tenga que recoger pelos del lavabo, en el que cada noche tenga que cambiar las sábanas.  Aunque quizá esto sea demasiada pretensión. En realidad yo sólo tengo un deseo. Si algo le pudiera pedir al tiempo, y éste me escuchara, sería que cuando me case; estén tocando: “Only You.”



                                                                                                                      
















1 comentario:

  1. Recientemente vi un ranking en relación a los hombres menos rentables emocionalmente, y lideraba la lista la recomendación de no involucrarse con músicos y rockeros. Ignorante de los peligros de desobedecer o no tener conocimiento de este profético ranking caí en las musicales garras de todo un especimen. Terrible error, sin embargo ¿quien le quita a uno lo rockanroleado?

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