Ambas nos
tememos.
Tanto tiempo llevo viéndola que dudo que sea ella la que esté arriba y yo abajo. No puedo decir con precisión quién caerá.
Percibe el temor, la angustia, el entumecimiento del que soy presa. Almas gemelas; se descubre en mí horrorizada. Un estremecimiento nos recorre. Intenta huir pero mis patas no se mueven. Contemplo mi terror en ella; observo su espanto en mí.
Ya no me hallo sujeta del piso; me hundo en el techo, y me observo mirándome ver a una araña que me mira reconociéndose.
Leyla
Cuando tenía 16 años, todos los clichés del amor platónico me agarran con fuerza: temblor de piernas, taquicardia, bloqueo verbal, comportamiento mongólico-letárgico, imbecilidad parcial, y naturalmente el desahogo literario del cual Revés es testimonio.
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