a Libidinique, José y demás sátiros de profesión
Ya
lo dijo Shakespeare: “Lo feo es hermoso y
lo hermoso es feo”. Nada, más sensual y erótico que disfrutar la hermosa
fealdad de la mujer; su horripilante hermosura. Bellas y bestias las amo por
igual. Cuerpos anónimos sin rostro ni historia inundan las calles incitando a
la travesía. Puede ser cualquiera, incluso tú. No importa si no eres mujer o si
ya dejaste de serlo, si lo fuiste o si lo quieres ser. Por suerte mis gustos se
han diversificado abarcando nuevas formas. Mujeres, hombres, jóvenes, ancianos
o perros me excitan por igual.
Para
todos aquellos estudiosos de la desviación sexual –chovinistas reprimidos-, he
de decirles, con pena a decepcionarlos, que ni me violaron de chiquito, ni soy
iletrado o ignorante. No provengo de una familia disfuncional con padres
divorciados, jamás he padecido de estrechez económica, ni tampoco fui
alcohólico o seminarista; lo cual demuestra que no siempre la causa de los
“desórdenes sexuales” se debe a la perniciosa influencia de aquél primo o
vecino que en tu tierna infancia te invito a jugar a “la casita”.
Entre
el desear y el hacer está la decisión, decisión que ya tomé.
No importa que me juzguen. Todos en algún momento tenemos la fantasía; la diferencia es que yo la llevo a cabo y no me avergüenzo de ello. Es la gente misma quien hace disfrutar de lo prohibido al castigar lo natural. La pregunta es: dónde radica el placer; ¿en el acto en sí o en la censura que provoca?
Dice textual nuestro himno mexicano:
al sonoro rugir del cañón . . .
¿No
es ésta una clara incitación sexual? Pregunto: ¿Soy acaso un pervertido? ¿Vivo
mi sexualidad como un Neanderthal? Puede ser. En comparación soy un bruto, un
salvaje.
Lo que para mi es honestidad otros lo llaman descaro.
Viéndolo
así me declaro culpable. No acostumbro mentir. Todas mis parejas saben de mi
afición al breve encuentro callejero.
Mi
sensualidad se basa en la importancia
que concedo a las condiciones climáticas propicias.
Las tardes de lluvia son mis preferidas, me desbordan
¿Mencioné que soy de mano grande, que mido 1.98?
¿No?
Bueno, pues ya lo sabes.
“Sólo un hombre entre mil
puede ofrecer calidad y cantidad al mismo tiempo”.
¡Tú decides!
Un beso a Verónica.
Regreso en unas horas –le digo. Me vuelvo rápidamente para no ver su mirada recriminante.
¡Empieza
la cacería! Piso el acelerador a fondo.
BLANCO LOCALIZADO:
MUJER CAUCASICA REPLEGADA CONTRA LA PARED EN FRANCO
INTENTO DE HUIDA.
“Ni lo intentes muñeca. Ya no hay calles, sólo charcos”
“Lástima
de ropa; te dejaré empapadita mamá...”
“Con
un poco de suerte y hasta gárgaras haces...
S
P L A
S S H
H
- ¡H
I J O
D E T
U . . . !
S P L A S S H H
LEYLA SALAZAR
LEYLA SALAZAR
Esta es una historia verídica sucedida en una lluviosa medianoche que dudo olvidar. No supe su nombre ni alcancé a verlo bien, sin embargo nuestro erótico encuentro me marcó y es muy probable que de haberlo conocido me hubiera interesado en él, con esta fascinación que tengo por los retorcidos ociosos.
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