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martes, 14 de agosto de 2012

AMOR EN ROJO

a Dantis

Un elefante suspira, ama y no es correspondido. Tengo 24 años y vivo con un payaso. Yuyin –mi esposo- sabe que un paquidermo celoso es una bomba de tiempo; trata de reconciliarse con él. Hoy le ha llevado un regalo. El circo tiembla ante la indignación de Jumbo. Nada parece detenerlo; ni los gritos ni los disparos del domador.

Finalmente la vieja Giordana logra calmarlo. Al oir el escándalo interrumpió su ducha y salió sin dudas ni pudor  al encuentro del pequeño elefante . Fue su desnudez la que nos salvó.

Un elefante nunca olvida, reconoce a su madre en la abuela; la piel es del mismo grueso que la suya y su mirada es tan vidriosa como el tiempo. Al verla descubre a su natal Africa y las fuerzas lo abandonan. La ira cede paso a la nostalgia. Jumbo extiende su trompa hacia el estanque que la abuela tiene tatuado en el vientre pero lo frena distinguir la melena que se esconde entre la hierba y el saberse solo. Mira de un lado a otro y no ve a su manada. Reconoce a la cebra, a la pitón, a las aves que vuelan muy cerca del sol y a pesar de que no recuerda haber visto las plantas que crecen al pie del árbol con ojos, no duda, porque al fin ha vuelto a casa. Oye a lo lejos el tambor, siente el azul del cielo en su lomo y mamá está tan cerca, tan chiquita que la toca con cuidado para que su amor no la rompa.

A lo largo de los años muchos animales han muerto en este circo y la abuela los lloró a todos; sin embargo hoy es distinto. ¡Luce tan hermosa  sonriendo y mostrando  los tres dientes que le quedan!  Entiende que el rojo en una delicada trompa de cinco años no es signo de muerte sino de amor.

Ya había visto disparar al domador en defensa del circo y secretamente lo odiaba, pero hoy… hoy es distinto.

Las imágenes que alguna vez fueron sensación en el “Gran Circo Internacional” por fin cobran vida, le dan hogar y consuelo a la cría de un paquidermo herido de pasión. Es la primera vez que alguien la mira con abandono, la primera vez que deja de ser un cuerpo tatuado para convertirse en continente. Descubre que ella es la tierra madre y que Africa ha recuperado a su hijo perdido. Es dichosa y canta.

Su alegría me contagia y de verdad que no sé si mi historia es triste o feliz. No sé si lloro por el amor que gano o río por el que perdí.

                                                                 Leyla Salazar

1 comentario:

  1. Me alegra no tener memoria de elefante y haber aprendido desde joven a olvidar a voluntad

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